Maestras del Terror (III): «Hijo del alma»

Sir Samuel Luke Fildes
«The Doctor», 1891

Óleo sobre lienzo (166 × 242 cm)
Tate Gallery, Londres

Hijo del alma
Doña Emilia Pardo Bazán, 1908

Los médicos son también confesores. Historias de llanto y vergüenza, casos de conciencia y monstruosidades psicológicas, surgen entre las angustias y ansiedades físicas de las consultas. Los médicos saben por qué, a pesar de todos los recursos de la ciencia, a veces no se cura un padecimiento curable, y cómo un enfermo jamás es igual a otro enfermo, como ningún espíritu es igual a otro. En los interrogatorios desentrañan los antecedentes de la familia, y en el descendiente degenerado o moribundo, las culpas del ascendiente, porque la Ciencia, de acuerdo con la Escritura, afirma que la iniquidad de los padres será visitada en los hijos hasta la tercera y cuarta generaciones.

Habituado estaba el doctor Tarfe a recoger estas confidencias, y hasta las provocaba, pues creía encontrar en ellas indicaciones convientísimas al mejor ejercicio de su profesión. El conocimiento de la psiquis le auxiliaba para remediar lo corporal; o, por ventura, ése era el pretexto que se daba a sí mismo al satisfacer, una curiosidad romántica. Allá en sus mocedades, Tarfe se había creído escritor, y ensayado con desgarbo el cuento, la novela y el artículo. Triple fracasado, restituido a su verdadera vocación, quedaba en él mucho de literatería, y afición a decir misteriosamente a los autores un poco menos desafortunados que él: «¡Yo sí que le puedo ofrecer a usted un bonito asunto nuevo!¡Si usted supiese qué cosas he oído, sentado en mi sillón, ante mi mesa de despacho!».

Días hay en que todo cuentista, el más facundo y más fácil, agradecería que le sugiriesen ese asunto nuevo y bonito. Las nueve décimas partes de las veces o el asunto no vale un pitoche y pertenece a lo que el arte desdeña, o cae en nuestra fantasía sin abrir en ella surco. Tarfe me refirió, al salir de la Filarmónica y emprender un paseo a pie en dirección al Hipódromo, hacia la vivienda del doctor, cien bocetos de novela, quizá sugestivos, aunque no me lo pareciesen a mí. Una tarde muy larga, muy neblirrosada, de fin de primavera, me anunció algo «rarísimo». La expresión de cortés indredulidad de mi cara debió de picarle, porque exclamó, despues de respirar gozosamente el aire embalsamado por la florescencia de las acacias:

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Stanley Kubrick | «2001: A Space Odyssey» Viaje más allá de las estrellas.

“EL HOMBRE ES ALGO QUE DEBE SER SUPERADO.”
(F. W. Nietzsche)

023.pngEl Amanecer del Hombre / The Dawn of Man.

    PRESENCIAMOS LOS CREPÚSCULOS matutinos y vespertinos en el Reino animal. Ante un grupo de simios, en las áridas llanuras del desierto, irrumpe al despuntar el alba una figura solemne y enigmática. Monolito así lo llaman. La Tierra aún era grande, y sobre ella se movían nuestros ancestros hominoideos sobreviviendo y dispuntándose el territorio de un charco de agua ante un grupo rival de su misma especie. Mas el surgimiento del monolito en la Tierra se musicaliza con una «colmena o masa de neopolifonías» creada por un músico fundamental de la segunda mitad del siglo XX, el compositor húngaro Giörgy Ligeti. Transgresor y creador de infinidades expresivas, el « Réquiem » de Ligeti es, además de una de las grandes obras de su autor, una composición atonal de voces corales, sombría, intensa, vivaz, profunda y poderosa. Particularmente, no puedo evitar asociar su dramatismo con el zumbido de las abejas en pleno frenesí recolector; aleteos o voces tensas y aterradas que colman el espacio, la Humanidad, lo atemporal.

    Y el monolito aún no se va. Preside el comienzo y fin del hombre. Esa enorme losa negra que gravita sobre el destino de toda una especie, ¿es el peso de la Historia y del progreso humano, la luz hacia un punto de partida en los albores del Amanecer?

fotograma 2001, a space odysseyLos caprichos (Nº 59) Y aún no se van!Semejante advenimiento origina miedo y curiosidad en los adentros de la mente simia. Uno de los homínidos toca “lo extraño”, luego otros le siguen, salto que da pie a un “gran” paso evolutivo en la cuerda tendida entre lo animal y lo humano. Una acción poderosa está a punto de acontecer: un hueso lanzado al aire se transforma en herramienta, se convierte en arma. Un descubrimiento que mata, conquista y somete. Así, la chispa inteligente del homínido se “ilustra” junto con el primer movimiento de « Also sprach Zarathustra, Op.30 » (1896) de Richard Strauss, preludio que nos sitúa hacia la larga marcha y que culmina con la solitaria sonoridad prolongada del órgano. Millones de años en un solemne destello de conciencia…

114.png    De la Tierra a la Luna / From Earth to the Moon.

Una estación espacial Internacional orbitando alrededor de la Tierra en un ambiente frío, distante y controlado por la tecnología. Es el desarrollo de la ciencia y de la técnica en su máximo nivel. En la colosal 2001, una odisea en el espacio [2001: A Space Odyssey, 1963-1968] escuchamos la música de Richard Strauss, de la que el cineasta Stanley Kubrick explicó: “Es difícil encontrar algo mucho mejor que « El Danubio azul » para representar la gracia y la belleza. Para la mayoría de los jóvenes, esta música se verá de manera objetiva, como una bella composición; para los mayores, en cambio, es más probable que la asocien a una orquesta u otra asociación desafortunada, por lo que criticarán su uso en la película”. Que duda cabe que a estas alturas, y medio siglo después de su primera proyección, su enorme influencia no deje margen alguno para pensar en otra pieza musical que no sea ésta.

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Charles Chaplin “The Tramp” [Charlot, el vagabundo, 1ª parte]: La etapa chapliana para la Keystone.

La Keystone fue el primer estudio de cine donde Charles Chaplin trabajó y empezó a dirigir sus filmes. Aquel estudio californiano, fundado en 1912 por el canadiense de origen irlandés Mack Sennett, fue el lugar de nacimiento de la comedia slapstick, uno de los géneros más exitosos de la era muda. El cine era un oficio, un entretenimiento aún no considerado Arte, que estaba dando sus primeros pasos. Fue una época de comienzos artísticos de asombrosa creatividad. Única. Casi todo estaba por descubrir. 
En apenas dos meses el temperamento artístico de Chaplin iba imponiéndose, exigiendo un mayor control tanto en la dirección como en la relevancia de su personaje recién creado: The Tramp (en España conocido como Charlot, el Vagabundo). Las comedias donde le vimos nacer se caracterizan por la improvisación de las escenas cómicas sobre la marcha, recurriendo una y otra vez a los mismos escenarios, situaciones de enredo de falso adulterio, filtreos amorosos acosadores e insolentes, con tramas apenas inexistentes, gags violentos y exagerados y con un policía siempre envuelto en el desorden. Así era el estilo del slapstick en su estado más primitivo. Al igual que Chaplin, los más grandes cómicos pasaron por este estudio: Sterling, Harry Langdon, Roscoe Arbuckle y como no, Mabel Normand. No es cierto, como dijo Sennett en su autobiografía, que fuese él quien descubrió al genial Buster Keaton, un mérito que se autoatribuyó en pro de su soberbia, ya que fue Roscoe Arbuckle quien le dio su primer papel en 1917. Buster Keaton nunca trabajó en la Keystone.
Los famosos policías de la Keystone o Keystone Kops (o “Cops”, ya que se escribían de ambas maneras) eran el elemento cómico por antonomasia de los estudios Keystone, lo que le diferenciaba de otras compañías y le daba estilo propio. A principios de la década de los 10’s Mack Sennett, el creador del célebre estudio y precursor del género del slapstick, introdujo en sus comedias a grupos impersonalizados de figuras autoritarias que eran ridiculizadas y cuya aparición sobresalía a modo de alocadas y caóticas persecuciones contra los alborotadores encontrándose por el camino con todo tipo de accidentes. El grandullón de Sennett, también conocido por el apelativo de “Rey de la comedia”, tenía la certeza de que estos personajes serían reconocibles, entretenidos y deseados por el público. El tiempo le acabaría dando la razón. Incluso los artistas más célebres de la casa comenzaron su carrera haciendo de Keystone Kops, como Ford Sterling, Chester Conklin, Al St. John, Hank Mann, Roscoe Arbuckle e incluso Charles Chaplin. Sin embargo, esta faceta artística del cómico inglés interpretando a un “Kop” no vio la luz hasta 2010, fecha en que se descubrió el cortometraje “A Thief Catcher” (1914). Pero no precipitemos más maravillas; nos hallamos en 1914, el año del debut en cine de Charles Spencer Chaplin…
Y sin más dilación, les invito a repasar la filmografía de Charles Chaplin desde sus comienzos. El vagabundo sensible, humanizado y con conciencia aún estaba por llegar, pero para comprender la evolución del mítico personaje en tan corto espacio de tiempo y el desarrollo creativo de una de las grandes figuras del siglo XX, debemos remontarnos a los orígenes.

Películas de su etapa en los Estudios Keystone [1914] 

1.- Making a Living [Charlot periodista / Haciendo por la vida], de Henry Lehrman. El debut de Charlie Chaplin. Disfrazado de falso aristócrata inglés o dandi, con sombrero de copa, levita y bastón, Chaplin es un impostor que intenta cortejar a una joven de familia acaudalada. El estafador acaba siendo desenmascarado y buscando trabajo como reportero tras robarle la noticia a otro. De ritmo vertiginoso y desprovista de técnica, así son los comienzos. Estreno: 2 de febrero
2.- Kid Auto Races at Venice [Carreras sofocantes], de Henry Lehrman. Es la primera vez que vemos a Chaplin ataviado cual vagabundo, aunque el carácter de su personaje aún estaba por definir. Durante una carrera de autos infantiles, un espectador anodino e impertinente se entromete colocándose frente a la cámara ante un camarógrafo que está filmando la carrera. Sus andares, sus gestos, su bigote de cepillo o su revoloteo con el bastón irán poco a poco sumandos rasgos propios. Al final vemos un insólito primer plano de un Charlot haciendo una mueca burlona a la cámara. El idilio de “The Tramp” con el público ha comenzado. Estreno: 7 de febrero.

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Pinturas y fotogramas: Analogías (IV)

1. La voz (Edvard Munch, 1893) Óleo sobre tela
OFFRET (Sacrificio, 1986) Andréi Tarkovski
 2. La clínica de Agnew (Thomas Eakins, 1889).
Mary Shelley’s Frankenstein (Frankenstein de Mary Shelley, 1994) Sir Kenneth Branagh
3. El triunfo de Baco ó Los borrachos (Diego Velázquez, 1628-1629)
Parranda ( 1977) Gonzalo Suárez
4. Paisaje (Caspar David Friedrich, 1859).
OFFRET (Sacrificio, 1979) Andréi Tarkovski. Obra póstuma
5. Alforfón cosecha de verano (Jean-François Millet, 1868).
Tess (1979) Roman Polanski. Novela: Thomas Hardy
6. Desnudo masculino sentado al borde del mar (Jean- Hyppolyte Flandrin, 1836).
There will be blood (Pozos de ambición, 2007) Paul Thomas Anderson

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«El etéreo resplandor».

La carreta fantasma (Körkarlen, 1921), de Víctor Sjöström y El resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick.
    ESCUCHAMOS UNA PIEZA MUSICAL PODEROSA DE MATICES APOCALÍPTICOS encajados en un travelling aéreo sobre montañas rocosas, aguas de lago y carretera serpenteante. Seguidamente comienzan a aparecer las nevadas montañas y el aislado hotel aparece, etéreo e irreal en su resplandor…
Afortunadamente desvinculado de su origen literario, la novela de terror del escritor estadounidense Stephen King, Kubrick reescribe el guión de The Shining [1980] junto a la escritora Diane Johnson. Aunque la naturaleza de los pactos quedan sin explicación en la propuesta cinematográfica, el compromiso faustiano de Jack con los espectros corporeizados que habitan en el hotel consigue que la auténtica Naturaleza del hombre frustrado salga a la luz y «resplandezca» su mitad oscura y primitiva.

Stanley Kubrick Cultura Inquieta12

Los seres irreales del hotel Overlook hacen de los hombres lo que realmente son y desean ser con independencia de cual sea la raíz de los pactos faustianos, el que hubo antes y el que ahora existe con Jack. El hombre está recluído entre él mismo y el “sello” que lo convierte en esclavo de los fantasmas y en depredador de su propia familia. Es, en esencia, el HORROR de la violencia doméstica. Dentro del hotel, Jack Torrance está protegido por una fuerza metafísica que sólo tiene poder mientras éste permanezca en su interior. Por el contrario, otras fuerzas, las de la Naturaleza, le hacen presa débil como a cualquier otro animal. Mientras, Jack Nicholson se descontrola en su gestualidad. Es un Nicholson histrión y desenfrenado en su estado natural, un capricho, una postura consentida por un director que así lo quiso. Una sobreactuación que tiende a enmascarse atribuyéndose al estilo o naturaleza de la propia narración. Diríase que las motivaciones psicológicas de la caída de Jack a los abismos infernarles de la locura, apenas subsisten en la mente de Stanley. Él rompe esa relevancia. La expresión de la locura está siempre en ambos Jack. Sinceramente, no me imagino a otro actor más idóneo para encarnar a este personaje. Ni otra actriz que no sea la frágil Shelley Duvall, en el horror de su mirada, ni siquiera Danny Lloyd. Sin olvidar al cantante y músico Scatman Crothers en su papel de Dick Halloran.
    ES UNA LEY DEL “DIABLO” Y LOS FANTASMAS. En The Shining, el director nos deja tantos cabos sueltos que el espectador debe imaginar o unir, mientras nuestro subconsciente es manejado como vidas de alambre a través del terror, la música, la influencia del lugar y su simbolismo y realismo fantástico kafkianos. Los desequilibrios hacen mella en una obra, quizá más lograda en las intenciones y satisfacciones artísticas de su creador, pero quizá no tanto en resultado. En cualquier caso, Stanley Kubrick consigue lo que se propone, que es ponernos en otra “realidad” distinta de la suya propia.

“Es una ley del diablo y los fantasmas. Allá por donde logramos entrar, hemos de marcharnos. Para lo primero tenemos libertad, de lo segundo somos esclavos.”

(Johann Wolfgang von Goethe)

De las artes escénicas a lo cinematográfico. Correspondencias vigorosas.

1. Pieza teatral “Play It Again, Sam escrita por Woody Allen. En los escenarios de Broadway, 1969
Sueños de un seductor (Play It Again, Sam, 1972) Herbert Ross.
2. Ann Sachs y Frank Langella. Broadway, 1978. Versión teatral: Hamilton Deane
Drácula (1979) John Badham
3. Marlon Brando y Jessica Tandy como Blanche Dubois. Broadway, 1948. Obra teatral de Tenessee Williams.
A streetcar named desire (Un tranvía llamado deseo, 1951) Elia Kazan
4. Autor teatral: Fernando Fernán Gómez, 1972. Teatro Español, 1982
Las bicicletas son para el verano (1984) Jaime Chávarri
5. Geraldine Page y Paul Newman. Autor: Tenessee Williams, Broadway, 1959
Sweet Bird of Youth (Dulce pájaro de juventud, 1962) Richard Brooks
6. Anne Bancroft y Patty Duke. Autor: William Gibson. Playhouse theatre, Broadway, 1959
Miracle Worker (El milagro de Anna Sullivan, 1962) Arthur Penn
7. Chaplin en el Orpheum Theatre (Vancouver), con la compañía londinense de music hall de Fred Karno. Año:1911
One A.M.(Charlot a la una de la madrugada, 1916) Etapa chapliana para la Mutual Film Corporation.
Continuará…