Librerías.

“Somos los lectores o los espectadores los hacedores del alumbramiento del libro, de la película.” Daniel Domínguez (frase extraída del blog La escuela de los domingos).

Vértigo (1959), de Alfred Hitchcock. Argosy book Shop. [San Francisco, 50’s]

   Es vieja, huele a húmedo, está llena de libros antiguos, pero lo más importante es que está llena de recuerdos del tiempo de los pioneros de California. En las paredes no sólo vemos viejos mapas que nos son familiares y grabados, sino también, y esto es lo más sorprendente, cosas tales como concesiones de viejas minas, carteles con descripciones de los proscritos buscados por la autoridad, avisos de la Wells Fargo Pony Express. Y en las estanterías, viejas botellas de whisky, cedazos de buscador de oro, y cosas por el estilo. (Guión de Samuel Taylor). Idónea para escuchar a Pop Leiber, el librero que conoce a Carlota…

Annie Hall (1977) Book Store sin definir. [New York, 70’s]

   Es muy espaciosa y luminosa. Ofrece una amplia gama de temas, entre los que sobresale la Muerte: Death and western Thought, de Jacques Choran, y literatura premiada con el Pulitzer como The Denial of the Death, de Ernest Becker. O para quienes no deseen lecturas demasiado serias, también disponen de un catálogo sobre mininos encuadernado en cartoné. Idónea para conocer las inquietudes intelectuales de tu pareja… 

84 Charing Cross Road (La última carta, 1986), de David Jones. Mack and Co. [Londres 1949-1970]

   Es una librería antigua, como las que Dickens describe en sus novelas. Tiene estanterías fuera, en la calle. El interior es oscuro. Antes de ver la tienda, puedes olerla. Es un olor tan agradable que no me resulta fácil describirlo: es una mezcla de moho, polvo y años. Las paredes y el suelo son de madera. Las estanterías son interminables: llegan hasta el techo y son muy antiguas. Frank Dale es el encargado de atendernos. Idónea para una correspondencia epistolar de ensueño…

The Big Sleep (El sueño eterno, 1946), de Howard Hawks.  A.G. Geiger Rare books and Deluxe Edition / Acme Book Shop- Books bought and sold. [Los Ángeles, 40’s]

   En la biblioteca pública de Hollywood, el detective privado Phillip Marlowe consulta un par de títulos de primeras ediciones célebres. Luego se dirige a una librería especializada en libros raros y ediciones de lujo. Tiene un escaparate pequeño adornado con una tela de motivos de la Japón Feudal. Una librería lujosa especializada en reliquias antiguas multiétnicas y un tanto sospechosa. Al no encontrar lo que busca, el detective entra en la librería Acme, situada justo en frente. La librería está al lado de una joyería, es más modesta y sus precios son más asequibles. Empieza a llover. Idónea para un flirteo amoroso o para espiar sin levantar sospechas…

Funny face (Cara con ángel, 1957, Stanley Donen). Embryd concepts. Book Shop. [Greenwich Village, 50’s]

   Es una librería muy bonita. Joe es la joven librera que nos atiende en horario 8 a 6. Especializada en libros nuevos y de segunda mano, los libros se clasifican siguiendo una sección filosófica; desde el empirismo al materialismo, pasando por el paralelismo psicofisiológico. El tintineo de una campanilla advierte la llegada de quien entra en la tienda. Parece una casa, tiene un espejo ovalado y las cortinas son de color verde. Y con láminas pictóricas que adornan su interior. Idónea para el enfaticalismo de una tarde lluviosa…

• Hannah and her Sisters (1986), de Woody Allen. Pageant book and print Shop. [New York, 80’s]

   La Pageant es fabulosa. Tienen de todo. En la calle tienen unas estanterías cajoneras de madera pintadas en azul. Toda la fachada es azul. Es aquí donde Elliot regala a Lee un libro de poemas de E.E. Cummings. Idónea para leer la página ciento doce de un poemario y estar allí toda la tarde sin comprar nada, observando, leyendo…

Wonderstruck. El museo de las maravillas (2017), de Todd Haynes. Kindcaid Books. [New York ,70’s]

libreria wonderstruck

   Librería deliciosamente recargada, rara vez tiene un estante con huecos vacíos. El espacio es estrecho y los libros están clasificados siguiendo las letras del abecedario escritas en trozos de cartón. Huele a papel, a libros gastados por el uso. La iluminación es cálida. Walter, el librero, pone una cinta de cassete con música de Tin Pan Alley... hasta los peldaños de las escaleras tienen libros apilados. Una gozada. Está abierta hasta las 5 pm. Idónea para leer sonidos…

 

 

 

 

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North by Northwest.

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NORTE por noroeste. Puntos cardinales que desorientan y enloquecen hasta hacernos perder el rumbo. Eres tú, el ejecutivo de publicidad de Manhattan, Roger O. Thornhill, quién ahora te hallas sin brújula por el escabroso terreno de lo secreto, de lo encubierto. Una vida de apariencias: es el arte del engaño. La realidad es frágil cuando otros determinan tu identidad, cuando ya no sabes en qué creer y tu vida se traduce en una identidad intercambiable puesta a la intemperie. Le arrebataste un taxi a un cliente con una de tus sutiles y habituales artimañas del engaño, y dijiste que en el mundo de la publicidad no existe la mentira; si acaso debería llamarse exageración (tu secretaria Maggie hizo una llamada y así lo relató). Vayas a donde vayas, cualquier entorno te parece amenazante, aunque tu rostro en ocasiones lo disimule. Estás acostumbrado a un hábitat hipercompetitivo, donde persigues una dirección concreta y sobre la que tú siempre tomas el control, pero todo cambia cuando te ves envuelto en una trama de espionaje que hace cambiar tu rumbo hacia una dirección que te desorienta. Incluso el cielo es amenazante.

En lugares insospechados y en momentos inoportunos fuiste acusado. Dijiste que unos hombres te quisieron asesinar. Tu foto salió en la portada del periódico The Evening Star y la gente murmuraba cosas sobre ti, aunque yo sé que tu nombre no es George Kaplan y que tampoco eres un espía. Imagino que en este caso usarías tu elegante cinismo por respuesta: “Los periódicos también exageran. Es mala publicidad.” También sé que tu madre no pretendía ridiculizarte en aquel ascensor delante de aquellos hombres… pero, ¿quién podía creer una historia tan inverosímil? Y te aseguro que si llegas a estar más tiempo en aquella habitación 796, yo también me hubiese perdido la partida de aquel día.

Y después de estar en la Casa de la cascada del villano, la persecución os precipitó a la señorita Eva Kendall  y a ti hacia aquel monte escarpado de Rushmore, y la figura precolombina adquirida en una subasta se rompió, dejando al descubierto lo que había en su interior…¡Un momento! La partida se ha interrumpido. Ahora sí me reservaré de chismorrear lo que sucedió después, ya que para saberlo tendré que esperar a la siguiente «subasta» (esto sí que es el remate). Y ahora usted se preguntará: ¿cómo sabe tanto sobre Roger Thornhill? Muy simple: soy la secretaria del juez que tomó notas de su declaración el día que lo detuvieron por conducir en estado de embriaguez y la que juega al bridge con su madre los viernes por la tarde. Y hoy es viernes. En el cine de Alfred Hitchcock, ¿hay algo que no sepa una madre y que además no lo cuente? jessie.jpg