Diario de Drácula.

☩ Identidad y linaje (Escudo de armas)

“I believe that Dracula was not only mortal, but very much to be pitied. The sadness of a man who would very much like to be free”. -Christopher Lee-

EN LA CRESTA de la chimenea del comedor del castillo se erige un escudo de armas: su yelmo está coronado por un velero y los tenantes son dos criaturas marinas ó merlions (cuerpo de pez y cabeza de león), que alzan un tridente color dorado. La forma angulada del escudo es de estilo inglés, distinción más propia de occidente que de un linaje propio de la Europa Oriental. El lema de la heráldica dice: Fidelis Et Morten, una expresión en latín destrozado del que Fidelis significa fiel ó leal (adjetivo) y mortem, que es un sustantivo, significa Muerte. Por lo que su latín correcto sería FIDELIS AD MORTEM: fiel hasta la muerte. Fidelidad y muerte, dos conceptos anclados a su linaje. ¿Es Drácula un hombre fiel? ¿Designa un juramento de fidelidad?

☩ La biblioteca.

“I have become a victim of Dracula and the woman in his parlour” .-Jonathan Harker

 En la mesa de la biblioteca los libros apilados cubren la mesa. Es el único desorden que advertimos en el castillo. Un globo terráqueo ocupa el centro de la biblioteca. Por otra parte, los modales de Drácula son propios de un exquisito anfitrión: recibe a su empleado en estancias limpias, cálidas y acogedoras, le ayuda a subir el equipaje y dispone de una mesa servida junto a una misiva que justifica su ausencia. Ciertamente el carismático Christopher Lee, el hombre que más veces le encarnó en el cine, dijo de él que era un ser mortal digno de lástima. ¿Es Drácula un hombre entristecido cuyo único anhelo no es otro que ser libre?

☩ Las notas musicales de James Bernard.

“Anuncian o invocan las apariciones de Drácula los golpes de gong, ya sea sobre elementos arquitectónicos o en la oscuridad de la cripta…”

   PARTITURA compuesta por  James Bernard, el músico por antonomasia de la Hammer. Hete aquí en el Drácula de Terence Fisher, una composición sencilla, estructuralmente reiterativa, que lleva el sino de su protagonista con un leitmotiv de tres golpes «silábicos» fácilmente reconocibles: dos primeros minutos altamente inquietantes.
   La llegada de Jonathan Harker al castillo del Conde Drácula serena el motivo, y la voz en off de las anotaciones recogidas en su diario, impregnan la triada que a priori escuchamos, ahora dentro de suaves matices. La música se torna huidiza para beneficio de la tentación de la mujer (vampira) que surge en el gran salón e, ipso facto, irrumpe la figura de Drácula, quien desciende la larga escalinata de columnas tornedas bajo estridentes golpes orquestales. Poderoso. Huidiza es, además, la salida de Harker a través de la ventana, no sin que antes escuchemos la pieza misteriosa que acompaña a nuestro malogrado joven hacia la biblioteca, adonde la vampira le aguarda deseosa de su cuello.

    Una vez establecido en el aposento y sentado en el escritorium, las notas graves de Bernard se adhieren a las palabras del diario resaltando ideas clave. 

   El nombre del noble de tres sílabas se adhiere atmosférica y narrativamente al papel, y su reiterativa progresión acude a medida que se acentúan las intenciones de Harker. La situación se agrava y la música lo resalta. Su estancia allí (como en cualquier otro lugar) acoge máscaras y engaños. Líneas aparte, el «reino de terror» queda bruscamente cortado por el instrumento de percusión predominante. Drástico; como lo será también el instante en el que la puerta de la cripta sea cerrada desde dentro, ya con la indefensión final y manifiesta del imprudente a manos del aristócrata vampiro. Un exquisito fundido a negro nos oculta el ataque. La puerta se cierra violentamente. La música acecha.
   La acción puritana y el deseo interrumpido por Van Helsing se suceden cuando el cuerpo de Lucy es penetrado por la estaca, acción interventora musicalizada con una brusquedad desgarradora y penetrante (el grito de dolor de la víctima, el cuerpo del hermano sufriente… ). Por contraste, el artista aplica una melodía hipnotizadora in crescendo a medida que Drácula se aproxima a la joven: el yo se paraliza. Nace el influjo: en el dormitorio, Lucy yace en su cama. Se incorpora, abre la puerta del patio y se coloca en postura de ofrenda. Su mirada está encendida y sus mejillas parecen haber retomado su color. Las notas secuestran progresivamente el aire respirado. Cae el erotismo de la noche…

“El Conde Drácula era un gentleman, un aristócrata y, en su vida anterior, un gran soldado y conductor de hombres”.-Christopher Lee-.

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